jue. Sep 19, 2019

Reciclaje: ¿sí o no?

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El ocho de abril del 2004, en un lugar llamado San Pablo de las Salinas, ubicado entre los límites de Tultitlán y Tultepec, estado de México, un tiradero que contenía 120 mil llantas, se incendió durante más de seis horas. Lo anterior ocasionó, además de la contaminación ambiental, la apertura de un viejo tema: cómo solucionar el problema de la recolección y reutilización de neumáticos viejos, después de que el convenio para la incineración de llantas en el Distrito Federal se acabara en diciembre del 2002

Desde entonces la acumulación en lo que es el Bordo Poniente de la ciudad de México ha llegado a la cifra de 150 mil y, se teme entonces que a finales del presente año la cifra alcance el medio millón, sin saber qué hacer con éstos, pues el riesgo no es sólo que se quemen, sino que son un foco importante de contaminación.

Dificultades

El problema se mira más serio cuando las partes involucradas en el asunto como lo son las empresas fabricantes, gobierno y compañías que podrían usar dicho recurso como energía alterna no se han puesto de acuerdo para reactivar el acuerdo de reciclaje de neumáticos.

Asimismo se encuentran organizaciones ecológicas que se oponen a la quema de este material en industrias que requieren una mayor concentración calórica para la producción de sus materiales, debido al alto índice de partículas y gases que esto provoca.

Tal es el caso de las cementeras, cuyos procesos requieren más calor, y las llantas en sus hornos son una buena solución, pero el humo generado contiene altas concentraciones de bióxido de carbono, los cuales se dirigen a la atmósfera.

La dificultad se encuentra en el que éstas no pretenden gastar ni un quinto para trasladarlas a sus hornos, así como para la paga correspondiente, en todo caso, ellas cobrarían una cuota por recolección, que parte de cinco a 10 pesos por llanta recolectada.

Aquí se desprende otra situación, los fabricantes, mediante sus distribuidores autorizados, se convierten, no todos, en centros de acopio de neumáticos usados, los cuales se dirigen hacia dos posibles lugares, un depósito de varios miles de hectáreas al aire libre o a los hornos de distintas empresas que lo requieran.

Y aunque pudiesen llegar a un depósito legal, la mayoría no se encuentran regularizados y son la fuente de ingresos de muchas personas que se dedican a la venta de las llantas a vulcanizadoras.

El único propósito de estas últimas es obtener algo de lo mucho perdido, pues no es lo mismo que una empresa como Michelin, que cuenta con planta de renovado venda estos neumáticos, a que un taller de la calle sólo se dedique a “sacarles” el dibujo y así comercializarlas, sin tomar en cuenta los riesgos de dicha operación.

El problema crece cuando las autoridades no determinan una ley general para el tratamiento de residuos sólidos, cada estado de la República cuenta con uno, pero cuántas personas lo conocen.

Números

Es común ver que la gente cambia sus llantas y las tire a la vuelta de la esquina o las deje a cargo del recolector de basura. Cuando sería mejor que las personas tuvieran conocimiento de que existen lugares de acopio para los mencionados residuos y así evitar al menos que los neumáticos sean un adorno más en las ciudades.

Los números muestran que cada año son desechadas en el país 25 millones de llantas, y nueve de cada 10 son abandonadas en tiraderos o en depósitos clandestinos. Del total la ciudad de México genera el 20 por ciento, es decir, 5 millones por año y el 10 por ciento de esto se encuentra en el Bordo Poniente.

La Asociación Nacional de Distribuidores de Llantas y Plantas Renovadoras, A.C. (Andellac) advierte que de esos 25 millones tan sólo el 5 por ciento es renovado, el 2 por ciento es llevado a centros autorizados de acopio; otro 2 es reutilizado en hornos industriales y el resto, 91 por ciento, es parte de la contaminación estática en los principales lugares de la República.

Estas cantidades podrían evitarse con una ley que indique el proceso adecuado para el reciclaje de los neumáticos, y que todas las partes lleguen a un acuerdo para la recolección y uso específico.

¿Leyes?

Un ejemplo del no saber qué hacer con este tipo de llantas es la Ley de Residuos Sólidos del Distrito Federal, que no advierte ni menciona de manera directa lo que se debe realizar con un neumático inservible, sólo establece de manera general, bajo la concepción de residuos vehiculares los puntos para su posible manejo.

No obstante esta Ley, las empresas productoras y distribuidoras de estos artículos han solicitado que el Gobierno federal aporte dinero para crear un fondo para la destrucción de las llantas usadas, pero la respuesta no fue la esperada.

Por el contrario propuso que se deben buscar sistemas como se emplean en ciudades de Estados Unidos o Europa, en el que al final de la vida útil de los neumáticos una empresa por sí sola se encarga de la incineración de los mismos o mediante procesos no contaminantes, que son los más caros.

Otro método difícil de aplicar en México es el de implementar una máquina trituradora con un costo de 500 mil dólares, que otros países sí tienen y que ven en ella un excelente negocio en el reuso, pues ese material podría tratarse para pavimento, relleno sanitario, o para la construcción de macetas y suelas de zapato.

Una solución que el Gobierno refirió también es la aplicación de impuestos por cada llanta a destruir, pero las compañías respondieron que esto los puede perjudicar de manera económica, pues ya enfrentan una competencia con el mercado negro, que se manifiesta de manera importante en la frontera norte y la importación legal.

La situación se encuentra por el momento en el estira y afloja, la parte del Gobierno mira con aplomo las próximas elecciones, las instancias ecológicas se atan las manos al advertir que no existen recursos, las empresas fabricantes de llantas no han llegado a un acuerdo con las de cemento (que no son las únicas), para la reutilización de llantas, y mientras quizá otro incendio o un accidente provocado por una llanta “revulcanizada” se encuentren a la vuelta de la esquina.