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La Fórmula E, que se corre en México desde 2016, no solo ofrece un espectáculo deportivo, también funciona como un laboratorio donde se desarrollan tecnologías que después llegan a los vehículos eléctricos de uso diario. Al tratarse de una categoría de monoplazas 100% eléctricos, la competencia permite probar soluciones reales para el futuro de la movilidad.
Uno de los principales aprendizajes de la competencia está en la gestión de la energía. Los monoplazas deben aprovechar al máximo cada carga de batería, lo que ha impulsado avances en eficiencia, recuperación de energía y control electrónico. Estas tecnologías hoy ya se reflejan en autos eléctricos que ofrecen mayor autonomía y mejor desempeño en ciudad.
Otro avance clave se encuentra en la gestión térmica. Los motores eléctricos generan altas temperaturas y requieren sistemas de enfriamiento precisos para operar de forma segura y eficiente.
La importancia de los lubricantes
En este punto, empresas como TotalEnergies han desarrollado fluidos especiales que permiten disipar el calor de manera rápida y proteger los componentes eléctricos, soluciones que ahora se aplican en vehículos eléctricos, híbridos e híbridos enchufables.
La Fórmula E también ha impulsado mejoras en seguridad eléctrica. Los fluidos diseñados para estos monoplazas ayudan a reducir la propagación de la electricidad en caso de cortocircuitos, una innovación clave que fortalece la seguridad de los autos eléctricos que circulan diariamente.
Además, las competencias se realizan en ciudades con climas extremos, lo que obliga a desarrollar tecnologías que funcionen tanto en calor intenso como en bajas temperaturas. La información obtenida en estas carreras permite perfeccionar productos pensados para el uso cotidiano, como los lubricantes QUARTZ EV FLUID.
De esta manera, la Fórmula E demuestra que el automovilismo eléctrico no solo se trata de velocidad, sino de innovación aplicada, donde cada avance en pista acerca a los conductores a una movilidad más eficiente, segura y sustentable.
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