La reutilización de baterías provenientes de vehículos eléctricos (VE) en bancos de almacenamiento de energía comienza a consolidarse como una alternativa viable para extender el valor de estos sistemas antes de llegar a su etapa final de reciclaje.
De acuerdo con un estudio reciente elaborado por VEMO y REMSA, diversas baterías que ya no cumplen con los estándares de desempeño requeridos para uso automotriz aún conservan capacidad remanente suficiente para aplicaciones estacionarias, siempre que se cumplan estrictos criterios técnicos y de seguridad.
El análisis señala que, en términos generales, una batería puede considerarse candidata a una “segunda vida” cuando deja de ser óptima para un VE, pero mantiene entre 70 y 80% de su capacidad original, aunque este umbral puede variar según la química, el diseño, el historial de uso y su condición real. Esta capacidad residual permite su integración en bancos de almacenamiento de energía, utilizados como respaldo energético o como complemento para proyectos de generación renovable.
Los Sistemas de Almacenamiento de Energía en Baterías (BESS, por sus siglas en inglés) funcionan mediante la integración de módulos o baterías reutilizadas, sistemas de conversión de potencia —como inversores y convertidores— y plataformas de control y monitoreo. Estos sistemas permiten almacenar energía y liberarla según las necesidades del sitio, ya sea para respaldo, gestión de la demanda o integración con fuentes renovables como la energía solar o eólica.
Una de las aplicaciones más comunes de los BESS es el arbitraje energético, que consiste en cargar las baterías durante las horas de menor demanda, cuando la electricidad es más económica, y utilizar esa energía en momentos de mayor costo. En el caso de la infraestructura de recarga y la operación de flotas eléctricas, este esquema puede traducirse en ahorros significativos, especialmente cuando se combina con generación renovable.
No obstante, VEMO y REMSA subrayan que la reutilización de baterías no es un proceso automático ni aplicable a todos los casos. La viabilidad depende del estado de salud de la batería (SOH), su química, el diseño del paquete y la capacidad de gestionar el sistema de forma segura. La habilitación de una segunda vida requiere diagnóstico especializado, integración adecuada y monitoreo constante para garantizar parámetros de operación seguros.
Asimismo, las empresas destacan la importancia de una gestión responsable al final de la vida útil de las baterías. En México, el manejo de estos residuos se rige por la NOM-052-SEMARNAT-2005 y la Ley General para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos (LGPGIR), que establecen criterios para identificar riesgos y obligaciones en su manejo.
La reutilización de baterías para almacenamiento estacionario representa un paso clave hacia una economía circular energética, al extender su vida útil, reducir la presión sobre minerales críticos y disminuir el impacto ambiental de la electromovilidad. Además de las baterías de vehículos eléctricos, otras fuentes como scooters, bicicletas y motocicletas eléctricas abren nuevas oportunidades para integrar módulos reutilizables de forma segura, trazable y sostenible.

