EY Mobility presentó los resultados de un estudio global sobre el presente y el futuro en el corto y mediano plazo en la adopción de vehículos eléctricos y encontró un ligero retroceso en la intención de compra de estas unidades.
El estudio global realizado por EY Mobility Consumer Index en 32 países reveló un cambio en las preferencias y expectativas de los consumidores mexicanos frente a la compra de vehículos. Aunque la electrificación continúa avanzando, el ritmo es más moderado y marcado por cautela, infraestructura limitada y un entorno económico y geopolítico incierto.
De acuerdo con el estudio, el 65 % de los consumidores en México planea comprar un vehículo en los próximos 24 meses, ya sea nuevo o usado. Sin embargo, esta cifra representa una disminución de cinco puntos porcentuales frente al año anterior, reflejo de una mayor prudencia ante las condiciones del mercado. En este contexto, los vehículos de combustión interna ganan terreno, pues la preferencia por este tipo de motorización subió de 52 % a 60 % en un año.
En contraste, la intención de compra de vehículos totalmente eléctricos cayó de 9 % a solo 4 %, mientras que los híbridos bajaron de 32 % a 23 %. La única tecnología que mostró un ligero crecimiento fue la de los híbridos enchufables, percibidos por los consumidores como un punto intermedio entre eficiencia eléctrica y autonomía tradicional.
Uno de los hallazgos más relevantes es que 40 % de los consumidores mexicanos retraso la compra de un vehículo eléctrico, principalmente por las tensiones geopolíticas, posibles aranceles lo que provocó incremento en los costos de adquisición. A ello se suma la falta de infraestructura de carga, tanto pública como doméstica, que continúa siendo la principal barrera para la adopción masiva.
En cuanto a las razones para comprar vehículos eléctricos, el cuidado del medioambiente sigue siendo el principal motor, seguido por el ahorro frente a los altos precios del combustible. No obstante, estas motivaciones se ven contrarrestadas por preocupaciones como la escasez de estaciones de carga, los largos tiempos de espera, la variabilidad en la velocidad de carga y la falta de confianza en la autonomía real de los vehículos.
La infraestructura doméstica tampoco resulta sencilla: el costo de adecuar el panel eléctrico y el incremento en el recibo de luz son inquietudes clave. Además, el estudio subraya que más de la mitad de los hogares en México tiene menos de 100 metros cuadrados, lo que limita la instalación de cargadores y refuerza la dependencia de la infraestructura pública.
Respecto al proceso de compra, los canales digitales se consolidan como la principal fuente de información, aunque los concesionarios siguen siendo fundamentales. Cerca de un tercio de los consumidores afirma que no compraría un vehículo sin una prueba de manejo, y aunque la compra física en agencias bajó de 65 % a 44 %, sigue siendo el canal preferido.

