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Industria automotriz, reinicia la marcha

Para reactivar la industria automotriz lo antes posible, es primordial que la industria se enfoque en tres componentes clave: la gente, las finanzas y los recursos

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Columna invitada: Alberto Torrijos, Socio Líder para la industria automotriz en Deloitte México

La industria automotriz en México calienta motores para ponerse en marcha nuevamente y reiniciar la producción de vehículos en las próximas semanas, después de más de un mes de inactividad por el COVID-19 y ante la entrada en vigor del T-MEC en julio próximo. Y lo haría a la par de las armadoras de Estados Unidos, las cuales estarían reanudando sus operaciones de manera gradual. 

Sin embargo, aún quedan temas pendientes a resolver entre las autoridades sanitarias y las empresas del sector, pero todo parece indicar que se reconoce la urgencia de reactivar sus actividades, cuya actividad es altamente estratégica para la economía nacional.

La industria automotriz ha representado casi el 3.6% del Producto Interno Bruto (PIB), mayor al 1.5% que tenía en 1994, cuando inició el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), y ha dado empleo a más de un millón de personas. Además, existen más de 20 clústeres de fabricación de vehículos y 11 plantas armadoras distribuidas en los estados del norte y el Bajío. 

Es evidente que la industria automotriz de Norteamérica no puede estar estática por más tiempo. Su reactivación debe ser pronta y cuidadosa, además de tomar acciones puntuales para superar los desafíos inmediatos y fortalecerse. 

En principio, es importante evaluar el panorama actual del mercado automotriz global: Los esquemas de compra se flexibilizan cada vez más para ofrecer a clientes potenciales la oportunidad de adquirir un vehículo, en respuesta al deseo detectado en el mercado de no utilizar el transporte público y evitar un posible contagio, mientras que quienes ya poseen uno se inclinan por esperar a que haya nuevos modelos de venta para reemplazarlo. 

En cuanto a la distribución, los concesionarios van a reanudar su negocio después de cumplir con los requerimientos sanitarios locales para proteger la salud de su personal, y preparan estrategias para hacer que los clientes potenciales vuelvan a las agencias. Por otro lado, tienen altos niveles de inventario, lo que les representa gran presión financiera. 

Ante este panorama, y a fin de reactivar la producción, distribución y venta de vehículos en el menor tiempo posible, es primordial que la industria se enfoque en tres componentes clave: la gente, las finanzas y los recursos

El factor humano tiene dos vertientes: empleados y clientes. A medida que los primeros se reincorporan a sus labores, especialmente los que trabajan en las plantas, deben hacerlo bajo las medidas sanitarias más estrictas y tener acceso a materiales de protección que les permitan realizar su trabajo de manera segura. 

Lo mismo aplica para los encargados de atender a los clientes, quienes además necesitan recibir capacitación para actualizarse sobre los vehículos y cómo deben atender a los compradores en el nuevo entorno. 

Por otra parte, la comunicación constante con los clientes es también esencial para avivar su deseo de compra. Probablemente en un principio se mostrarán renuentes a acudir a un showroom, pero los concesionarios pueden aprovechar las herramientas digitales, como transmisiones directas, videos y herramientas como la realidad virtual (VR) para reactivar el tráfico.  

Los propietarios de automóviles actuales también se sentirán seguros si son notificados sobre la reanudación de los servicios de postventa, además de tener acceso a servicios como recolección y entrega de autos a domicilio y la facilidad de renovar sus seguros en línea.  

Los fabricantes también podrían considerar una extensión razonable de las garantías que pudieran haber expirado en los primeros meses del año. 

Desde la perspectiva financiera, el foco se concentra en prevenir riesgos de liquidez y hacer una planeación cuidadosa del capital, realizar pruebas de riesgos y conocer la capacidad operativa en diferentes escenarios. Las empresas automotrices podrían implementar medidas para respaldar a sus distribuidores, como fortalecer su apoyo financiero, ajustar los KPIs durante la epidemia y acelerar el pago de incentivos. 

Los esfuerzos en materia de recursos se dirigen a reforzar la colaboración y mejorar la flexibilidad de la cadena de suministro. La situación por la que ha atravesado la industria, resalta la importancia de que los fabricantes trabajan estrechamente con proveedores y distribuidores de manera transparente y confiable, lo que derivaría en impulsar la oferta y la demanda. 

El camino hacia la reactivación de la industria automotriz en México y Norteamérica requiere de la coordinación, colaboración y sinergia de cada una de las partes que la integran.  Quizá aún falte por conocer las repercusiones reales de COVID-19 en el largo plazo, pero cuanto más rápido se actúe, más pronto se activarán los engranes que mueven a la economía mexicana y del mundo. 

Esta columna invitada es parte de la edición de junio de Alianza Automotriz

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