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La otra mujer

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Honra a tu Padre y a tu Madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.
Efesios 6:2

Este mensaje tiene la finalidad de hacer UN ALTO EN EL CAMINO, en la  vida cotidiana de  todos los que tienen aún a sus madres y también como un cálido homenaje a todas las mamás que partieron al llamado de Dios nuestro señor.

En este sentido, la reflexión de Graciela Heger es oportuna: “debemos detenernos y observarla… abrazarla y hacer que sienta que estamos allí… que nos importa, que es valiosa… y de esta forma regresaremos a ella el más hermoso sentimiento que nos enseñó, el que lleva paz y tranquilidad en los momentos difíciles de la vida, el que nos contiene, el que minimiza el dolor, el que nos hace luchar por nuestros sueños e ideales… pero por sobre todo nos enseña a dar sin pedir nada a cambio: El Amor”. Y para la madre ausente, la que se encuentra con Jesucristo, dedicarle todos los días una oración de agradecimiento por todas las cosas bellas que nos heredó.

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Después de 21 años de matrimonio, descubrí una nueva manera de mantener viva la chispa del amor.

Desde hace poco había comenzado a salir con otra mujer, en realidad había sido idea de mi esposa.

Tú sabes que la amas -me dijo un día, tomándome por sorpresa-. La vida es demasiado corta debes dedicar tiempo.

Pero yo te amo a ti, protesté. Lo sé. Pero también la amas a ella.

La otra mujer, a quien mi esposa quería que yo visitara, era mi Madre, quien era viuda desde hacía 19 años, pero las exigencias de mi trabajo y mis tres hijos hacían que sólo la visitara ocasionalmente.

Esa noche la llamé para invitarla a cenar y al cine.

¿Qué te ocurre? ¿Estás bien?, me preguntó, mi madre es el tipo de mujer que una llamada tarde en la noche, o una invitación sorpresiva es indicio de malas noticias.

Creí que sería agradable pasar algún tiempo contigo -le respondí-. Los dos solos.

Reflexionó sobre ello un momento. -Me agradaría muchísimo, dijo.

Ese viernes mientras conducía para recogerla después del trabajo, me encontraba algo nervioso, era el nerviosismo que antecede a una cita… y ¡Por Dios!, cuando llegué a su casa, advertí que ella también estaba muy emocionada con nuestra cita.

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