“Si tu rey está bajo ataque, no te preocupes por perder un peón”, es una frase común en el ajedrez y que actualmente resuena en México, luego de que comenzara a mover a sus caballos, alfiles y torres como estrategia ante un momento de incertidumbre económica y política.
En un movimiento arriesgado, México endureció su política comercial al imponer aranceles a productos automotrices provenientes de países con los que no mantiene tratados de libre comercio, tales como China, Corea del Sur, India y Vietnam.
La medida, que fue presentada como un escudo para la industria nacional, abre el debate sobre sus consecuencias económicas y el futuro del mercado automotriz en el país.
Actualmente, el sector automotriz enfrenta a una disyuntiva: proteger a los fabricantes locales –como dice el discurso oficial– o afectar a los consumidores finales, pues en cualquier caso, serán ellos quienes terminarán pagando por este arancel.
El problema es complejo y para entender las acciones del gobierno mexicano, tenemos que recordar que a mediados de año se llevará a cabo la revisión del Tratado México, Estados Unidos y Canadá (TMEC), cuyo acontecimiento ha desencadenado una serie de movimientos económicos en los tres países, especialmente ante las amenazas de Estados Unidos a México y Canadá.
Movimiento inesperado
El pasado 1 de enero entró en vigor el decreto por el que se reforman diversas fracciones arancelarias de la Tarifa de la Ley de los Impuestos Generales de Importación y de Exportación. Este decreto impuso aranceles de entre el 5 y el 50% a productos que se importan de países sin tratado de libre comercio con México, como China, India, Corea del Sur, Rusia, Turquía, entre otros. En su momento, el gobierno federal indicó que el objetivo de esta disposición es apuntalar a la industria local.
No obstante, esta nueva determinación terminó de golpe con la apertura comercial que tuvo México por 40 años con diversos países gracias al Acuerdo General de Aranceles Aduaneros y de Comercio (GATT), en el que el país ingreso en 1986.
“México se jactó por casi cuatro décadas de ser una de las economías más abiertas, sin embargo, esto se modificó con las nuevas disposiciones. Ahora el país entra a la estela proteccionista comercial para poder cumplir los requisitos que impone la Casa Blanca a través de la oficina comercial para contener a China”, explicó José Ignacio Martínez Cortés, Coordinador del Laboratorio de Análisis en Comercio, Economía y Negocios (LACEN) de la UNAM.
Análisis del tablero
Hagamos un poco de memoria. Desde el 2022, China se ha convertido en el segundo mayor fabricante de los autos que se comercializan en México, no sólo por los vehículos de marcas chinas, sino también de marcas tradicionales que fabrican sus unidades en aquel país. Estos automóviles representan el 20% del total de las ventas, explicó Erick Ramírez, Director General de Urban Science para México y Latinoamérica.
Los vehículos de producción china se comercializan en el país bajo diferentes esquemas, como importadores independientes, con alianzas ‘joint venture’ o subsidiarios directos.
De acuerdo con datos del INEGI, dos terceras partes de los vehículos chinos vendidos oficialmente en México se comercializan sin identidad reconocible, además de que no reportan sus ventas, por lo que el número de unidades comercializadas puede ser mucho mayor a los datos registrados.
En cuestión de autopartes, la situación se agrava con la comercialización de productos para el mercado de repuesto, pues gran parte de las piezas están hechas en China o vienen de aquel país.
Movimiento ¿arriesgado?
Julio César Galván Cruz, Gerente de Estudios Económicos de la Industria Nacional de Autopartes (INA), explicó que la medida del gobierno busca ‘poner el piso parejo’ para los fabricantes mexicanos, por lo que están trabajando con la cadena de suministro para sustituir estos componentes, aunque el cambio no se verá pronto. “Es un trabajo de poco a poco, depende de la relación con cada una de las empresas, los procesos y de los materiales”.
Aunque la iniciativa busca lograr algo positivo, el especialista del LACEN observa un impacto negativo en todos los segmentos de la cadena, desde armadoras, distribuidores, agencias y hasta los mecánicos. “Vamos a ver un incremento –en el costo– de este tipo de productos, lo que va a incidir en las autopartes y también en el servicio. Y como siempre lo va a terminar pagando el usuario final”.
Esta imposición de aranceles ya está afectado a las posibles inversiones. “Hay muchas empresas de autopartes que invierten en México para vender, no para producir. Principalmente empresas de Corea del Sur y empresas de Taiwán. Es ahí donde vamos a ver cómo esta política comercial va a afectar la inversión”, puntualizó el investigador de la UNAM.
Por su parte, Roberto Manríquez Delgado, Director de Economía de la Universidad Panamericana, recordó que gran parte de los productos importados desde China ingresan al mercado mexicano sin los costos que implicaría una barrera arancelaria elevada, lo que ha permitido precios competitivos, pero también una fuerte dependencia hacia las cadenas de suministro asiáticas.
Ahora, con esta nueva política es complicado que “México pueda sustituir en el corto plazo lo que importa de China. Es poco realista”, afirmó.
El especialista subrayó que los aranceles, lejos de ser absorbidos por las empresas, suelen trasladarse al consumidor final, lo que podría impactar negativamente en la inflación y el poder adquisitivo. Además, un aumento de costos para la industria nacional podría afectar la competitividad, particularmente en sectores que dependen de insumos importados”.
La revisión del TMEC presenta muchas aristas y, tal vez, este movimiento que hizo México ponga en jaque al país. Aún así, tendremos que esperar el siguiente paso para conocer si finalmente esta decisión traerá beneficios reales a la industria automotriz mexicana, o por el contrario, la dejará fuera del tablero.
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