La industria automotriz de América del Norte enfrenta un periodo de incertidumbre debido a la revisión anual del Tratado México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).
Durante el Foro Automotor AMDA, Tim Reuss, Presidente y Director Ejecutivo de la Canadian Automobile Dealers Association (CADA); Kenneth Smith, exnegociador comercial de México, y Gabriel Padilla Maya, Director General de la Industria Nacional de Autopartes (INA), analizaron el riesgo de la integración productiva que sostiene a la industria automotriz regional.
En la charla, Gabriel Padilla destacó la dimensión económica del sector mexicano de autopartes, que prevé una producción récord superior a 125 mil millones de dólares y exportaciones mayores a 108 mil millones de dólares. De estas últimas, 87% tiene como destino Estados Unidos.
Además, explicó que cerca de 45 dólares de cada 100 necesarios para fabricar automóviles en Estados Unidos corresponden a partes y componentes producidos de manera integrada en Norteamérica. Estos productos cruzan las fronteras entre México, Estados Unidos y Canadá varias veces antes de incorporarse a un vehículo terminado.
Por ello, advirtió que incrementar las exigencias de contenido regional sin considerar las capacidades de proveeduría podría elevar los costos y debilitar la competitividad.
Actualmente, las reglas de origen del T-MEC exigen 75% de contenido regional para automóviles ligeros. En vehículos pesados, el requisito alcanzará 70% en 2027, conforme al calendario de transición.
Padilla subrayó que cualquier modificación debe contemplar periodos de adaptación, especialmente para componentes de electromovilidad, electrónica de potencia, semiconductores y baterías.
Desde la perspectiva canadiense, Tim Reuss señaló que la principal preocupación de los distribuidores es la falta de certidumbre sobre las condiciones comerciales futuras.
El directivo cuestionó que las empresas deban comprometer inversiones millonarias sin garantías de que las reglas se mantendrán. También advirtió que los aranceles y las diferencias entre las estrategias de negociación de México y Canadá podrían complicar las cadenas de suministro.
“Ese es el gran problema: la incertidumbre de qué viene”, afirmó Reuss al referirse a las decisiones de inversión y al futuro del mercado automotriz.
Ambos participantes coincidieron en que una negociación apresurada o con reglas diferenciadas entre los tres países podría debilitar los clústeres productivos y trasladar mayores costos a distribuidores y consumidores.
Para la INA, la revisión del T-MEC puede impulsar un nearshoring 2.0, basado en nuevas generaciones de componentes, siempre que existan reglas claras y certidumbre de largo plazo.
La industria automotriz norteamericana genera 5.4 millones de empleos directos, mientras que México concentra más de 1.3 millones. Por ello, preservar la integración, fortalecer la proveeduría y preparar el capital humano será determinante para convertir la revisión del tratado en una oportunidad de crecimiento.
LEE TAMBIÉN:
La reforma fiscal afecta a distribuidores automotrices: AMDA

