La revisión anual del Tratado México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) dejo una creciente incertidumbre en los fabricantes de autopartes, la posibilidad de que Estados Unidos endurezca las reglas de origen y las condiciones arancelarias para los productos fabricados en la región son una dura realidad.
En este contexto, el Dr. Eduardo Solís, economista y expresidente de la AMIA, se dirigió a los socios de la ARIDRA con datos y frases claras y precisas.
Durante un análisis sobre la relación comercial entre México y Estados Unidos, se destacó la importancia estratégica que tiene el sector mexicano de autopartes para la industria automotriz estadounidense. México representa alrededor de 40% de las autopartes que Estados Unidos importa del mundo, lo que convierte al país en un proveedor fundamental para sus plantas y cadenas de suministro.
La integración es especialmente relevante por el modelo just in time y just in sequence, bajo el cual las armadoras mantienen inventarios reducidos. Cualquier interrupción en el suministro mexicano puede traducirse rápidamente en paros de producción en Estados Unidos, como ocurrió durante las interrupciones ferroviarias de 2019.
Entre los objetivos de Washington en la revisión del T-MEC se encuentran incrementar la manufactura y el empleo en Estados Unidos, establecer reglas de origen más estrictas, reducir la participación de insumos provenientes de terceros países y disminuir la dependencia de China.
El sector automotriz es particularmente sensible a estos cambios. Con el T-MEC, la regla de origen para vehículos pasó de 62.5% a 75% de contenido regional. Sin embargo, la aplicación de aranceles bajo la Sección 232 ha generado un escenario adicional de complejidad para las empresas.
En el caso de los vehículos, el tratamiento arancelario estadounidense considera el contenido producido en Estados Unidos. Esto obliga a las armadoras y proveedores a contar con una trazabilidad cada vez más precisa de los componentes utilizados en cada unidad.
Para las autopartes, el impacto depende de factores como clasificación arancelaria, origen y contenido de los productos. Entre los componentes alcanzados por las medidas estadounidenses se encuentran motores, transmisiones y elementos del tren motriz, así como determinados componentes eléctricos.
Uno de los principales temas sobre la mesa es la posibilidad de establecer requisitos adicionales de contenido estadounidense dentro de las reglas de origen del T-MEC.
Actualmente, el tratado contempla contenido regional de Norteamérica, es decir, proveniente de México, Estados Unidos y Canadá. Un cambio que exigiera un porcentaje específico de contenido estadounidense modificaría significativamente la estructura de abastecimiento de las empresas mexicanas.
Para los fabricantes y proveedores de autopartes, el reto será contar con un mapa arancelario y de origen por cada número de parte, además de identificar el impacto que pueden tener materias primas como acero y aluminio.
La revisión del T-MEC, por tanto, representa tanto un riesgo como una oportunidad para fortalecer la integración productiva de Norteamérica y consolidar el papel estratégico de México dentro de las cadenas globales de suministro automotriz.
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